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Preparando el viaje

A veces es tan necesario dejar ir. Dejar ir a toda esa gente que en realidad, hace rato se fue. Dejar ir esos odios vencidos que solo pesan. Dejar ir esas lágrimas que ya no vale la pena llorar. Dejar  ir esos amores que hace rato no tienen cara ni razón de ser. Dejar ir toda es mala energía que lo único que hace es estancarnos.

Usemos la idea del año nuevo para llegar al 2016 ligeritos de equipaje, llevemos solo lo que en la vida nos haga felices, a nuestros amigos, los de verdad, la familia, los sueños, las metas, las alegrías y si pueden convivir con ellos, los buenos recuerdos. PERDONEMOS, hagámoslo, así quien nos lastimo no se atreva a pedir perdón, seamos de esa gente de corazón grande que perdona y olvida por no hacerse más daño ni hacer daño.

Yo, personalmente aproveché este mes para decirle al pasado que no le llevaría más conmigo, que no iba a cargar más con recuerdos, con odios ni con tristezas, le escribí a quien me  hizo las más grandes heridas y le conté de mis cicatrices, le hablé de lo que nunca volverá a ser igual en mí y de lo despiadado que fue, sin embargo, le dije que mi amor era tal, que en realidad deseaba  todo lo bueno para él, y no lo hice tanto por él, sino por mí, por sanarme, por seguir adelante, por empezar a construir mi nueva vida sobre un terreno fuerte, y  para eso, fue necesario asimilar que hay gente que daña, que hay gente que no hace bien y que nada de esa gente debe viajar al lado de uno o dentro de uno.

Quiero que el 2016 me agarre bailando, brindando, abrazando, riendo, soñando, cantando. Que no me agarre con lágrimas en los ojos, extrañando y mendigando por la presencia de alguien, que no me agarre recordando cosas que no volverán, que me agarre consciente de que ahora es mi mejor momento y que lo que no me acompañó hasta esta parte del camino, es porque en realidad, no lo necesito.

Falta casi medio mes para que este año se vaya y yo solo pido que quien quiera quedarse conmigo para hacerme bien, para recorrer el camino conmigo, para recargarme de buena energía y tranquilidad, que quien quiera venir a construir felicidad a mi lado, decida demostrarlo los últimos días de este año,  desde ya estoy haciendo mis maletas y no pienso llevar amores baratos que no trascienden ni falsas amistades que no apoyan, no me caben los malos momentos ni las malas compañías. Es tiempo de vivir y vivir bonito. Lo siento.

Violet♥

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Lo que no soy capaz de decir

Siempre pienso en usted antes de dormir, solo me auto-regalo unos minutos para pensar en usted, qué hizo, qué estará haciendo y con quién, y ahí es donde me entran las ganas de escribirle, de mentirle de decirle que lo pensé todo el día y que lo único que quiero es estar a su lado, y digo mentirle porque me fuerzo a no traerlo ni un minuto a mis pensamientos… ¿para qué? Si en ellos somos felices mientras que la realidad es otra.

“yo quiero vivir tranquila y usted no me deja en paz” eso le digo a su recuerdo; le digo que cada vez que usted vuelve me destroza, me deja como si no tuviera vida antes de usted y me da miedo no tenerlo y me da rabia darme cuenta como desordena mi mundo, mi cabeza, mi cuerpo, todo.

Yo soy de esas personas que se sienten bien porque nadie las controla, porque son libres; en fin, pero un día me di cuenta que ya no era más así, que me había vuelto como cualquier otra loca dependiente y después de una borrachera lloré, por mi, por lo que me había convertido, por él, por todo lo que le he querido decir y no he podido, por creer que él es diferente cuando al pasar de los días insiste en demostrarme que es como todos y me desahogue sin necesidad de que estuviera ahí y me despedí de mi tranquilidad porque esa noche me di cuenta que no iba a tener paz hasta no haber intentado lo que estuviera a mi alcance para ser feliz a su lado.

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De cuando el amor no es como debería ser

Existen, creo, tres tipos de amor, el amor bonito correspondido, el amor que solo siente una de las partes, y el más desastroso, el amor mutuo que no sirve de nada.

Yo, llevo viviendo el mismo amor, con la misma persona,  hace más o menos cinco años y medio, y en todo ese tiempo creo que he pasado por todas las fases, he sentido estar amando sola, he sentido que juntos construimos un amor bonito y hoy sé que ambos nos amamos pero no sirve de nada y tal vez eso sea lo más doloroso del mundo.

Aunque me he sentido libre, tranquila y fuerte desde que no está, aunque ya no esté enamorada y admita todos sus defectos y sus faltas, sé que aún le amo y de alguna manera estuve esperando mucho tiempo que regresara convertido en la persona que yo siempre necesité que fuera, que regresara con ganas de luchar por nosotros, de echarse al hombro lo que tantos años cargué yo, de defendernos, de mostrarle al mundo que no estábamos equivocamos cuando nos juramos un amor eterno, que no estábamos tan equivocados cuando tan jóvenes, creímos haber escogido la vida correcta, esperé que regresara y que me hiciera regresar, que mereciera el perdón, el amor y mis ganas de andar de su mano de nuevo, que hiciera por primera vez en su vida, un sacrificio por nosotros, que fuese capaz de enamorarme y que logrará por fin aprender que cuando a uno le cuestan las cosas, las cuida y las valora. Por eso yo siempre fui así, y el nunca no. Me faltó saber que los reencuentros de películas  solo pasan ahí, en las películas.

Desde luego, incontables las veces que le he visto regresar, pero nunca le ha importado quedarse, tal vez eso para el mundo  no sea amor, pero tengo mil motivos para hoy creerle que sí, que soy yo el amor de su vida, que soy yo esa que le transformó el mundo, que soy yo esa a la que va a recordar cada día, por las mil cosas que a mi lado aprendió. Vernos es siempre, de alguna manera, recargarnos el alma, es darnos fuerzas para enfrentar la vida que hoy vivimos solos, es gritarnos mil cosas, desahogarnos, llorar y dormir abrazados, como quien despertó de una pesadilla, encontró al lado la calma y puede conciliar un sueño tranquilo; pero vernos es también recordarnos que no vamos a estar juntos, que no somos los mismos o en lo que aún lo somos, no nos sirve de nada; no sirve de nada que el siga siendo ese que cree que será joven y libre siempre, ese que cree que como su intención nunca es hacer daño, no es culpable de nada, y no sirve de nada que yo sea esa que aún tiembla cuando llora, esa que aún grita veneno sin pensar, esa que siempre cae devastada. No sirve nada que en lo  poco que ha cambiado, no le sirva de nada a este amor y que lo mucho que he cambiado, no le interese compartir.

Por eso, con el dolor más grande, más grande que el que sentí ese domingo que le vi irse, decidí que este es nuestro adiós de verdad, que es imposible que tanto amarnos nos haga, me haga tanto mal. He renunciado definitivamente y para siempre a mis sueños con él, a nuestras ganas de demostrarle a la gente que esto siempre fue en serio,  a nuestra casa, nuestras fotos, mis cartas,  nuestras risas, las peleas, los gatos, los deseos que daban al mar, los domingos de estar acostados, con el perro en la mitad, siendo felices, a nuestros almuerzos juntos, nuestras horas hablando de cosas tontas, cosas serias, cosas raras, las canciones, las nuestras, las que inventamos sin sentido, las que cantamos con el alma, los días de ir a hacer mercado, mis regaños, sus risas, mi frío, sus sacos, mis preocupaciones, sus abrazos, mis lágrimas, su pecho, su familia, mis cosas en sus bolsillos, mis ganas de hacerle mejor persona, de cuidarle, de amarle con la misma entrega. He renunciado para siempre a volver a escucharle, volver a verle a los ojos, volver a abrazarle, le he pedido que por favor me suelte, porque su amor, aunque inmenso, es inútil, porque él es incapaz de ir por lo que quiere, porque todavía se cree tan joven, tan dios, tan libre que nunca hará nada por nosotros, por salvarnos, por hacernos eternos … y yo, yo tampoco haré nada ya, porque no tengo fuerza, porque tal vez no serviría de nada, porque a mí desde pequeña me enseñaron que uno vale por la palabra, que el corazón leal es el que vale, que la honestidad está por encima de todo, que hay que ser fiel con uno y con quien le rodea, a él no, él nunca sabrá ser así,  y yo no quiero desgastar más mis ganas en cambiarlo. No  tiene sentido esperar, no tiene sentido vernos, no tiene sentido no soltarnos. Esta debió ser una lucha nuestra, no una lucha mía.

Amor, nunca fue tarde para volver, pero sí lo es para que vuelvas y  “sigas siendo así, así como eres”.

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Aún soy parte de él y aún él es parte mía

Me llamó porque no soporta la soledad, me buscó porque odia vivir entre ausencias, su regreso no tenía nada que ver con amor. ¿Cómo se le llama amor a algo que has tratado de terminar cientos de veces sin motivo alguno?

Entre tantas discusiones sin sentido y sin razón, me dejó cuatro veces, yo le decía que se quedara, pero el muy orgulloso me hacía sentir la peor persona del mundo, como si estuviera conmigo para vengarse de todas aquellas mujeres que fueron malas con el algún día, y yo entre lágrimas rogándole que me creyera, pidiendo algo que no se tiene que mendigar; confianza, porque cada mes salía con una nueva historia, inventos que ni en la cabeza del más loco caben, que le era infiel, que yo tenía algo con sus amigos (y no me metió con uno solo, sino con casi todos), que era una mentirosa, que yo no estaba donde le decía que estaba, que se había enterado de cosas horribles y peligrosas de mí. ¿De mí? ¿La que se desvivía por él, y solo tenía cabeza para intentar que la relación funcionara?

Es muy jodido cuando uno trata de darlo todo, de ser la mejor mujer del mundo, uno se cansa de tantos intentos, de que todo siga igual, de las mismas discusiones por los mismos temas, de tener que medir las palabras porque todo puede ser usado en mi contra,  que si me equivocaba en alguna cosa, él ya lo veía sospechoso, que me alzara la voz porque yo no le decía lo que sentía, y si lo decía no me creía.

Uno puede extrañar y morirse por dentro, querer salir corriendo para buscar a la persona, abrazarlo y no soltarlo, querer contarle absolutamente todo,  ser feliz. Pero simplemente hay cosas que es mejor dejarlas hasta ahí, cuando algo se rompe es imposible que al arreglarlo vuelva a quedar igual, porque sí, porque cuando un amor termina uno no muere, pero algo por dentro sí queda destrozado.

Ya lloro sola, sin que él esté mirándome y diciéndome que yo quiero solucionar todo así, con su risa irónica, como si le gustara mi dolor. Y entonces cambié mi felicidad a su lado, por la tranquilidad de su ausencia. Aún soy parte de él y aún él es parte mía, está en mí y sin embargo ya no lo necesito a mi lado.

Green

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El día que encontré una casa bonita.

Hace muchos años no escribía sobre alguien distinto a quién le escribí durante muchos años y por quién escribí con ilusión, con rabia, con tristeza y hasta sin amor. Hoy, después de recordar que nada libera más que escribir, me di cuenta que si algo debe protagonizar mis líneas, es este sitio en el que me quiero quedar a vivir indefinidamente ; puede que no encuentren coherencia aquí, pero hay sentimientos que difícilmente pueden desglosarse y explicarse, solo se puede eso; sentir,

Cuando yo era joven y tenía veinte años, creí haber vivido mucho para ser tan joven, le temía a hablar de amor y no me permitía sentirlo porque se me había ido la parte divertida de la vida, llamándole amor a algo que ni yo sé qué fue. En realidad, aún tengo veinte años, pero de repente, un día, vi nacer sentimientos lindos que poco tienen que ver con el insano monstruo del apego, se siente bien y lo deja a  uno sin certezas, sin motivos, sin disculpas. Lo deja a uno ahí, sentado en la nada, viendo una marea alta de sentimientos y sin salvavidas… entonces uno naufraga, naufraga y se ahoga en amor y eso es lindo.

Un día, volví a conocer a alguien que ya conocía, alguien a quien sé, quise, porque nunca le vi y siempre tuve presente, entonces, como si se tratase de otra vida, de una reencarnación, de un portal de vidas paralelas, volví a reconocerle y sin siquiera esperarlo se me llenaron los ojos, la vida, el alma de ese alguien y tuve que aprender a vivir con miedo, miedo a tenerle, miedo a perderle, miedo a que se quedara conmigo, miedo a que se fuera, y él, como nadie nunca lo ha hecho, aprendió a vivir con mi miedo, a tenerme, a quedarse conmigo.

No puedo siquiera compararle con quien alguna vez quise pasar el resto de la vida, no  puedo, porque no soy la misma de ese entonces y para él, para él no encuentro adjetivos, nada, ni una sola palabra podrá describir la persona que es al lado mío; le quiero porque quiere partes de mí que nadie ha querido, porque me tiene paciencia de verdad, desde antes, desde la otra vida, que tal vez es parte de esta misma vida, pero diré que es otra para que se extienda la línea de tiempo y no tener que explicar cómo  me enamore de un día para otro, le quiero porque a su lado soy yo en mi totalidad, sin mascaras, sin censuras,le quiero, porque no me miente, aun cuando en el fondo yo quisiera que lo hiciera, que me dijera que como yo no hay nadie, que se le llenó el alma de mí, que me le incrusté en el pecho, que me lo dijera, aunque yo supiera que no hay forma de enamorar a quien ya tiene el corazón lleno de alguien más … pero él no me miente, habla solo de lo que siente … ¡eso, habla, no calla nada!

Mientras yo, retraída, dicharachera y difícil de callar, digo cuanta cosa se me ocurre, pero jamás digo que agradezco enormemente que aun amando a alguien, me deje quererle, me deje abrazarle y me de un pedazo de su vida, que aun sabiendo lo difícil que soy, se quede, que aun viviendo la vida con alguien más, sea el cielo del cielo conmigo  y me llene totalmente, porque es así, su mitad me llena toda, no hay una parte de mí que no quiera darse a él y me proclamo suya, porque siendo solo mía o de alguien más no podría ser feliz y cómo voy a cohibirme, si ser feliz cuesta tanto, dura tan poco y casi nunca pasa; porque hemos de estar claros, ser feliz no es sonreír, es sentir el cuerpo de color amarillo vibrante, es mirar bonito así no se mire algo bonito, es escuchar canciones y sonreír, es como tener hormigas por dentro que bailan al son de tambores y gaitas (porque nada es más feliz que la música caribeña) ¿Y ser feliz con alguien? Es querer verle todo el tiempo, es verle y no querer irse, es querer coser el propio brazo al suyo, el brazo, la boca, el alma enterita y ser una sola respiración, y eso, eso es aún más lindo.

Aquí estoy, viendo cada día crecer la alegría, la armonía y la tranquilidad en esto que me aterra llamar amor, aquí estoy, pensando que si las personas son casas, él es de esas en las que uno puede andar sin zapatos, la brisa se mete por las ventanas, hay una hamaca con vista al mar y uno puede llamarle hogar.

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Cuando el amor se destiñe

Hace algún tiempo yo me creí muy enamorada de alguien con quien pensaba iba a vivir lo que me quedaba de vida, pensaba que éramos la pareja ejemplo,  no caminábamos juntos, levitábamos y pequé por hablar demasiado del amor que creí, nos teníamos.

La relación se acabó (Porque nada puede ser eterno) y yo, en medio de mi dolor y de mi estupidez disfrazada de nobleza  le defendí siempre de quien pretendía, de alguna manera, ensuciar su nombre, porque aunque ya no estábamos juntos  yo de verdad creía en él, le admiraba y de una u otra forma sentía que mis cosas buenas, eran buenas porque las había aprendido a su lado.

Me humillé como solo una mujer inteligente  que no sabe enamorarse lo hace; estuve a su lado siempre, en cada momento bueno o malo, lo aprendí a conocer, reconocer e interpretar y le di lo mejor de mí, le rogué un día que no se fuera y sin embargo, lo hizo… y sin embargo yo me quedé ahí, en el sitio donde me había dejado, para cada vez que me necesitara, y me necesitó  y por intervalos de tiempo volvió, no para quedarse, pero sí para manifestar su arrepiento, su amor que no es amor, y si lo es, es inútil, para  descargar en mi espalda sus problemas, para decir cuanta incoherencia se le venía a la mente; porque era así, un mes decía algo, dos meses después reaparecía para decir lo contrario y yo, cegada por lo que llamaba amor, estuve ahí siempre, dispuesta a escuchar, porque sentía que no podía dejarle solo, porque pensaba que él haría lo mismo, porque le prometí estar siempre (Y yo no incumplo promesas) porque para mí, él era bueno … lo era.

Un lunes, después de haber pasado un domingo más siendo pañuelo de sus lagrimas y espalda para sus problemas, analicé mi vida, mi vida a su lado y su vida, la que vivió conmigo y la que vive ahora en otro lugar y por fin dejé de disculparle ante mí y ante todo el mundo, entendí que él me dejó sola y que su espalda no estuvo cuando a mí me pesaban mis problemas, supe que él nunca fue la persona que yo veía; esa persona leal, firme, honesta y con carácter que yo idealicé se destiñó dejando ante mí la imagen de un niñito que no puede controlar nada en su vida, un niñito egoísta que solo piensa en él, un diminuto ser sin carácter y sin firmeza al que le cuesta hasta cumplirse sus propias promesas, un ser tan vacío que se llena con cualquier cosa, que se cree tan dios, tan superior y no sabe sentirse solo, porque le da miedo, porque no es valiente, porque la valiente aquí, soy yo.

Entonces agarré mi vida, empaqué sus recuerdos (Que pensándolo bien, son más malos que buenos) y los dejé en el pasado, cerré lentamente, pero con firmeza (de la de verdad, no la que él aparenta) la puerta y me fui sin mirar atrás, convencida de lo mucho que valgo  y de lo poco que de mí se merece, sabiendo que esto no es un ataque de odio o un berrinche porque él ya no está, esto es un acto de amor hacía mí y una verdad revelada; él es la última persona que yo debí amar y sin embargo, le amé y tal vez aún le ame (Porque las cosas no dejan de ser de un momento a otro), pero ahora sin vendas, ahora sabiendo el desagradable ser que es, ahora agradeciendo que se haya ido, porque es lo único bueno que ha hecho por mí, dejarme.

Espero que nunca me recuerde, porque yo no pienso hacerlo, y si él lo hace, sé que a su mente vendrá la buena mujer que fui, porque tengo la consciencia tranquila, no siento odio y no pienso sentirlo, cada quien vive en el mundo de la manera que quiere, yo por ejemplo, nunca he aprendido a callar mis verdades y mis sentimientos. Después de todas las tormentas que tuvo que soportar este amor, era inevitable que se destiñera.

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Violet♥

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Cerremos la puerta

Parece que los ex solo se acuerdan de nosotras cuando desde donde sea que estén, ven la calma y la tranquilidad en la que  estamos viviendo, entonces, por puro egoísmo, escriben, llaman, llegan a marcar territorio, porque no hay nada peor para un hombre que un ego herido.

Como si nosotras, desde donde nos dejaron, hiciéramos lo mismo, como si no los dejáramos avanzar, como si los dejáramos amarrados a un pasado que de verdad, no va a regresar.

Si ya tienen con quien llenarse la boca de “Te amo’s”, si ya tienen a quien presumir, a quien abrazar y con quien caminar de la mano ¿Para qué escriben? Si no extrañan, o extrañan pero no harán nada para reparar el daño ¿Para qué llaman? Si no sienten nada, si se fueron sin pensar en el dolor que causarían para qué  dicen: ‘¿Podemos vernos?’, si no se van a quedar a luchar ¿Para qué vuelven?

Ha de ser uno muy cretino y egoísta para desordenarle la vida a alguien que poco a poco estaba volviendo a la normalidad solo para sobarse el ego un ratico, para comprobar que aún no le olvidan, para ver una mirada indefensa que todavía grita amor y después irse a revolcar en el fango de la felicidad con la nueva conquista.

Y aunque todo esto sea nefasto, creo que el verdadero problema somos nosotras, que decimos cerrar la puerta, pero la dejamos entreabierta por si el tipo quiere volver, así sea solo a engrandecerse, así ese ratico disfrazado de ‘amor’ y ‘arrepentimiento’ nos cueste la tranquilidad de días, semanas o meses.

Aprendamos a ser coherentes con lo que decimos y hacemos, cerremos la puerta que da al pasado y botemos la llave, si nos la pasamos diciendo que no queremos más de lo mismo ¿Por qué lo permitimos? ¿Para qué contestamos? ¿Por qué corremos cuando dicen ‘Veámonos’?.

Dejemos de jugar al gato y al ratón, porque ese juego casi siempre lo gana el gato y como es obvio, nosotras no somos él.

Violet ♥

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